El segundo embarazo tras una preeclampsia

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¿Es posible evitar la preeclampsia en el embarazo?

Llevaba ya tiempo queriendo escribir esta publicación. Como ya he ido anunciando en redes sociales, el 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Preeclampsia, y con motivo de ello quería hacer un recopilatorio de post a través de los cuales aportar toda la información posible sobre esta enfermedad. Me gustaría poder llegar a través de mis escritos a alguien que necesite este tipo de información tal como lo necesité yo en su día. Cuando me tocó a mi no encontré mucha información más allá de los clásicos manuales basados en la ciencia y nada en la experiencia humana ¡Eso era lo que me faltaba! Una voz que conectara conmigo haciéndome ver que no estaba sola y que todas las emociones por las que atravesaba eran normales. Tener miedo e incertidumbre formaba parte del paquete y necesitaba que alguien me lo confirmara.

Si llegas hasta aquí porque tienes miedo, dudas e incertidumbre relacionadas con las preeclampsia. ¡Ojalá este sea tu sitio y puedas encontrar todas las respuestas!

Esta va a ser la última publicación que escriba sobre preeclampsia, ya que con el embarazo del pequeño James se cierra esta etapa de mi vida. Se acabaron los  embarazos y los tratamientos. Se pone punto y final a esta etapa de mi vida para empezar un nuevo capítulo llamado maternidad. Así que si quieres saber si tuve o no preeclampsia en mi segundo embarazo te animo a que me sigas leyendo.

¿Cómo preparar el segundo embarazo tras una preeclampsia?

Como ya os conté en el anterior post sobre las posibles causas de la preeclampsia, una vez que nació la pequeña Mary me tuvieron que hacer un estudio genético de coagulación que pudiera aportar luz sobre el porqué me tocó a mi tener una preeclampsia. Cuando decidimos ir a por el segundo hijo en la clínica de reproducción asistida nos recomendaron hacer unas pruebas más específicas además de recurrir a un experto en hematología que estuviera puesto en estas lindes.

Aunque en dichas pruebas di negativo en los parámetros genéticos como el Factor V Leiden, si salieron alterados unos marcadores inmunológicos relacionados con las trombofilias. El hematólogo, dados mis antecedentes y viendo los resultados, su recomendación era usar Adiro y Heparina en el embarazo para evitar cualquier tipo de riesgo.

  • El Adiro es una simple aspirina que se usa para la prevención de enfermedades que se producen por la formación de coágulos de sangre. En el caso de haber tenido preeclampsia con anterioridad se suele administrar por defecto sin tener en cuenta los resultados. Está demostrada su eficacia en los procesos gestacionales a la hora de evitar y retrasar la enfermedad.
  • La Heparina es una sustancia natural que está presente en nuestro organismo y que ayuda a evitar que la sangre coagule en exceso y se formen trombos. Cuando existen problemas o se incrementa el riesgo de trombosis, se recurre a la heparina inyectable de bajo peso molecular. Esta dosis se debe calcular en base al peso y condiciones de la paciente. Por lo que es muy importante hacer un seguimiento muy de cerca del tratamiento con continuos controles. Para saber más sobre la herapina y sus usos en embarazos y tratamientos de reproducción asistida os recomiendo leer el blog de Mamá al Cuadrado quien dedica un post muy interesante  e ilustrativo sobre este tipo de tratamientos.

Por el simple hecho de tener positivos algunos marcadores de coagulación, el embarazo podía suponer para mi un riesgo de trombosis. Por otro lado, estos indicadores son aviso de posibles abortos y otras posibles complicaciones gestacionales. En el caso de la preeclampsia ambas medicaciones iban a jugar un papel primordial en dos sentidos.

En primera instancia, el primer trimestre es un momento delicado y es justo cuando se forma la placenta. Si el riego sanguíneo no es el adecuado esta puede formarse mal y plantear complicaciones al final del embarazo. Está demostrado que las placentas extraídas de mujeres que han padecido preeclampsia muestran “lagunas”. Esto indica que su mal funcionamiento se debe a que algo ocurrió durante el embarazo para hacer que esta no se formara bien. ¿El qué? Aun no se sabe. Pero todo indica que tal vez aquí esté la pista que nos lleve a detectar la causa real y evitar así de forma definitiva la enfermedad.

Por otro lado, en el caso de manifestarse la preeclampsia, las tensiones altas taponan los conductos por los que se da el riego sanguíneo a la placenta. Si estos se bloquean puede producirse sufrimiento fetal. Aunque el conducto se estreche, si la sangre va más fluida por los anticoagulantes, el riesgo será menor. Pero el descenso de plaquetas en la sangre que trae consigo este tipo de tratamientos requiere una observación continuada muy extrema. Esto trae consigo riesgos ante posibles complicaciones.

Así que con mis informes ginecológicos y hematologícos, fue como nos pusimos en linea de salida para dar como iniciado el tratamiento para embarazarnos por segunda vez. Un segundo embarazo que iba a traer cola pero del que íbamos a aprender muchísimo.




Así empezó mi segundo embarazo tras una preeclampsia

Una vez constatado que todo estaba en orden iniciamos un nuevo tratamiento de reproducción asistida con uno de los embriones que teníamos vitrificados. Tenía ya estructurado como iba a ser la pauta de medicación desde incluso antes de la transferencia embrionaria. Decidimos que esa vez íbamos a ponernos únicamente un solo embrión y no dos como la otra vez. Un embarazo gemelar disparaba el riesgo de la preeclampsia y dados mis antecendentes ningún profesional sanitario se iba a arriesgar a que pudiera darse ese escenario. Y fue tras ese momento cuando empezó lo que iba a ser mi segundo embarazo. Un embarazo de alto riesgo que iba a ser muy medido, controlado y cuidado.

Ya desde ese momento tenía un arsenal de pastillas con las que medicarme (Meriestra, Adiro, Gestagyn y Progeffik) a lo que se le añadía la herarina inyectable con la que iba a convivir casi un año entero. Cuando confirmé que estaba embarazada empezó mi periplo para iniciar los trámites de cualquier mujer embarazada (citas con obstetra y matrona). En ese momento tuve una serie de situaciones que resultaron ser incómodas que me llevaron a un escenario un poco turbulento.

En la clínica de reproducción asistida me metieron miedo diciéndome que las citas que tenía ya concertadas eran muy tardías y que era urgente que empezaran a verme de forma inmediata. La verdad es que me asusté porque el tiempo de espera eran dos semanas más o menos, lo cual yo entendía que era más que razonable.

Fui a mi médico de cabecera para ampliar las recetas de la heparina. Si no te la cubre la seguridad social no hay bolsillo de mujer en paro que aguante ese gasto durante un año. La cara de la doctora era todo un poema. Ella solicitó que me vieran en obstetricia de forma urgente y que me derivaran a un hospital referente. Su consejo final fue “coge tus papeles y vete a urgencias”. Si su cara fue un poema. Imaginaros la mía. Llame corriendo al seguro médico para comentarles lo que me estaba sucediendo y su respuesta fue similar. Si no conseguía adelantar las citas que previamente me habían dado de forma preferente que me fuera a urgencias. ¡Otro diciéndome que me fuera a urgencias!

¿Donde narices me había metido? Mis piernas empezaron a temblar. Tenía miedo ¿Había cometido un error garrafal al querer embarazarme de nuevo? Ya eramos muy felices con nuestra pequeña Mary ¿Era realmente necesario pasar por ello?

Así que ni corta ni perezosa, me armé de valor y me presenté en el hospital donde quería hacer el seguimiento de la gestación. Fui a la consulta de la ginecóloga que me ayudó en mi anterior embrazo y resolvió mi primera preeclampsia. Muy amablemente me dejó entrar en sus consulta y me transmitió tranquilidad. Cogió todos mis informes, me hizo una nueva ecografía para confirmar el embarazo y me dio detalle de como iba a ser mi embarazo desde ese momento.

Debo añadir que en circunstancias como esta con quien debes hablar es con el médico especializado que va a hacer tu seguimiento. Este tipo de enfermedad genera mucha inseguridad. Ya no solo en ti, sino en los profesionales sanitarios que no tienen respuesta ni capacidad de maniobra en situaciones tan complejas como esta. Desde ese momento pude estar algo más tranquila, ya que con cada cita y con cada control me iban diciendo que todo iba en orden. Semana a semana iba ganando tiempos para acercarme lo más posible a un embarazo sin riesgos ni complicaciones añadidas.

¿En qué consistieron los controles del segundo embarazo tras una preeclampsia?

El seguimiento de mi embarazo tuvo tres pilares fundamentales: Medicina Interna, Hematología y Obstetricia. Los tres médicos que iban a tratarme durante toda la gestación iban a trabajar codo con codo de forma simultánea para intentar que tanto yo como mi bebé llegásemos al final del embarazo en las mejores condiciones posibles. La clave iba a estar en la medicación que me habían pautado y en el estrecho seguimiento que iba a tener para intentar anticiparnos a cualquier complicación que pudiera surgir.

Medicina Interna

La preeclampsia si no se detecta a tiempo puede desencadenar lo que se conoce como Eclampsia. Ese es el escenario más grave de esta enfermedad. Puede producirse un fallo multiorgánico y convulsiones entre otras cosas. Por eso, estar alerta de los posibles síntomas es clave en este proceso. Los principales órganos que pueden verse afectados por una preeclampsia son el corazón, hígado y riñón.

Por eso desde Medicina Interna intentan estrechar el seguimiento por si algún parámetro del organismo pudiera indicar que algo podría empezar a ocurrir. Ejemplo de ello, son las recogidas de orina de 24 horas de las que os hable en el primer post sobre la preeclampsia. Si empieza a aparecer proteína en orina puede ser indicador de que la placenta está empezando a funcionar mal. Me vigilaban constantemente los indicadores relacionados con la proteinuria, las enzimas hepáticas y las tensiones arteriales. Al principio solo me hacía una recogida de orina en cada trimestre. Luego pasaron a ser mensuales, y finalmente cada semana.

Las preeclampsias solo se dan en el último trimestre. Y es a partir de la semana 24 de gestación cuando pueden empezar a aparecer. Se supone que en un segundo embarazo se dan de forma más tardía. Pero eso no quitaba que hubiera que mirar de cerca con la idea de intentar anticiparse y detectar posibles detonantes de las preeclampsias.

Tuvimos un pequeño susto, ya que por error de laboratorio una de esas proteinuras se vio  muy alterada. Me tocó hacer una nueva prueba en urgencias con las miradas de los profesionales muy encima mio. Pero cuando se confirmó que el dato era erróneo pudimos respirar tranquilos.

Hematología

Como estaba siendo medicada con heparina debía ser muy rigurosa con los controles en hematología. Había que ir calculando que la dosis que estaba siendo administrada era la idónea a través de un marcador llamado Anti-Xa. Además de ir comprobado que tanto las plaquetas como otros componentes estaban bien. En cada revisión también revisaba como el embarazo afectaba a los marcadores de coagulación, lo que es normal debido al gran impacto hormonal que supone la gestación.

Esta doctora me veía una vez al mes y la verdad es que siempre salíamos muy contentos de su consulta. Esta mujer tenía un amplio conocimiento sobre la preeclampsia. En cada consulta nos transmitía mucha seguridad. Eso era de gran utilidad para nosotros ya que nos ayudaba a mantener la calma y a confiar en el proceso.

Obstetra especializado en Alto Riesgo

El seguimiento del embarazo por parte de un tocólogo en básico en cualquier gestación. En mi situación el ginecólogo debía estar especializado en embarazos de alto riesgo debido a la alta complejidad del mismo. En cada una de las consultas llevaba siempre mis informes de los otros especialistas (Hematología y Medicina Interna). Todos los datos que recababa los contrastaba con información obtenida de las ecografías que me hacía en alta resolución cada vez que iba al hospital. Tenía que ir a Diagnóstico Fetal con mucha frecuencia ya que era la forma de constatar que tanto la placenta como las arterias uterinas se habían formado correctamente y cumplían con su función. También para cerciorarse de que el feto se desarrollaba correctamente. Los bebés pequeños como fue el caso de la pequeña Mary pueden ser un indicativo de preeclampsia.

Al principio  nos veíamos una o dos veces al mes, hasta el último trimestre en el que nos veíamos cada semana. La última parte del embarazo es cuando suelen aparecer las preeclampsias. Así que llegado ese momento era cuando había que estar más encima y ver si todo el trabajo previo había surtido efecto

¿Cual fue el resultado del seguimiento del embarazo de alto riesgo?

Como has podido leer, el seguimiento del embarazo que tuve fue bastante pesado e intenso. Tuve algún susto e instantes de miedo e incertidumbre, pero el resultado final fue un embarazo muy bueno. No tuve ninguno de los síntomas del primer embarazo y al final no desarrollé la preeclampsia. No tuve la tensión alta (salvo momentos puntuales como cualquier otra persona), no tuve hinchazón, ni edemas, ni brusco aumento de peso, y el peso del bebé era completamente normal, casi tirando a grande. Tampoco tuve alterada la curva de glucosa, ni hipotiroidismo ni otras pequeñas cosillas que me ocurrieron en mi primer embarazo.

Superé la semana 37 en la que se supone que si el bebé tuviera que nacer ya se consideraría a término. Este hito fue muy valioso para mi, ya que en parte el postparto de la pequeña Mary fue duro por su ingreso en neonatos, y este hecho indicaba que todo sería más fácil esta vez. Llegar a esa semana sin proteinuria, sin hipertensión, sin diabetes, sin hipotiroidismo… quería decir que si pudiera desarrollar algo ya no iba a dar tiempo para ello. Por protocolo el embarazo se iba a dar por finalizado en semana 38 para evitar posibles complicaciones.

¡Lo habíamos conseguido!

Así fue, como tras una inducción que terminó en cesárea de urgencias, nació el pequeño James. Un niño precioso, perfecto, sano y con muy buen peso. Aunque estuve sedada durante la cesárea y no pude verle nada más nacer, todo se compensó porque a las pocas horas estuve a su lado. Esa primera noche, de las tantas que íbamos a tener, la pasamos juntos. Sentí paz. Todo lo que estaba viviendo era lo mas parecido a la normalidad. Si mi primera cesárea hubiera sido así probablemente hubiera llorado por no haber tenido un parto vaginal con su correspondiente piel con piel pero dadas mis circunstancias no necesitaba nada más.

Es cierto que el postparto no fue fácil. Tuve hemorragias, los entuertos fueron durillos y hormonalmente estuve más alterada, pero  todo ajeno a las preeclampsias y cosas raras. Siempre viviré con la duda de que si esto lo hubiéramos sabido en el primer embarazo tal vez se hubiera evitado. Tampoco sabemos a ciencia cierta si a pesar de todo el seguimiento y el tratamiento si no se hubiera llevado a cabo que habría ocurrido. Aun no se sabe como eliminar la preeclampsia pero si como intentar retrasarla y miminizar su impacto.

¡Ojalá paso a paso lleguemos más lejos y algún día se descubra la forma de acabar con esta enfermedad!

Mientras tanto espero que historias como la mía puedan servir a otras mujeres para superar esta enfermedad.

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¡Que se entere todo el mundo!

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