Quédate en casa y asume tu rol en esta guerra

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Quédate en casa y estarás salvando vidas

Estos días de confinamiento no están siendo fáciles para nadie. Cada día va pasando factura a nuestro ánimo. El simple hecho de pisar la calle hace que tengamos en nuestras espaldas un importante cargo de conciencia unido a un estado de miedo inevitable.

Vivir encerrado no era parte de nuestro plan de convivencia. Nunca se nos pasó por la cabeza que íbamos a celebrar el Día del Padre en nuestras casas. Que los niños se iban a quedar sin colegio. Que no iban a haber vacaciones de Semana Santa. Y que mucha gente se viera sin su puesto de trabajo.

La crisis del coronavirus no se la esperaba nadie. Y este Cisne Negro que estamos viviendo nos va a pasar factura en muchos aspectos. Nos va cambiar. Pero la realidad es que aún así saldremos de esta.

Pero para ello, hay muchas cosas que debemos cambiar. Hay quien todavía no se ha percatado de la gravedad de la situación. Hay quien ve esto como una simple gripe y que no es necesario llevar a cabo el confinamiento de forma estricta. Hay quien no siente miedo hacia este virus que tantas vidas se está llevando a lo largo del mundo. Virus que no entiende de edad a pesar de lo que piensen muchos.

A esos corredores, a esos ciclistas, a esas personas que salen a tomar el aire a las azoteas y patios comunes… A todos aquellos que deciden cruzar la puerta de su casa os pido que reflexionéis un poco antes de abrir la puerta. Hoy salir a tomar el aire tiene un coste. Ese coste son vidas. Un coste muy elevado para quien se cree que tomar el aire es más importante que una persona se quede sin una cama en la unidad de cuidados intensivos.

Los niños además de ser los máximos propagadores de la enfermedad no son inmunes a ella. Ellos también están cayendo. Y a lo mejor ese niño que ha enfermado lo que hizo fue salir un rato con su bicicleta al patio de su comunidad. Y si él enferma, con él inevitablemente caerán sus padres, los sanitarios que los atienden, los dependientes de los supermercados con quien tuvieron contacto y sus propios vecinos. Y entre todos ellos habrá alguna muerte.

Todo ello por salir 10 minutos a tomar el aire. Tal vez tú estés dispuesto a asumir el riesgo, pero toda la gente que depende de tu acción no se merece que paguen tu error. Nunca el precio del aire fue tan caro. Y si mi propia vida depende de ti ten claro que tu serás el responsable en el caso de no haber hecho lo que se te pide. No se si serás capaz de acarrear a tu espalda todos y cada uno de los dramas familiares que trae consigo esta situación. Y si eres inmune a todo ello, siento lástima por ti. Porque serás victima de una enfermedad aún peor que también acabará por pasarte factura.

Siento muchísima rabia e impotencia estos días. Por eso necesitaba este espacio para dejar salir lo que tengo dentro. Por eso ayer grabé un nuevo episodio de Podcast en el que pido que todos y cada uno asumamos nuestro rol en esta guerra. Un guerra invisible que nos deja muertos cada día. Un bombardeo constante que tiene como objetivo llevarse a tantas personas como les dejemos.

Por eso, antes de cruzar la puerta de tu casa piensa si es realmente necesario que des ese paso hacia fuera. Si no lo es, date la vuelta. No merece la pena. Quédate en casa. Protege a los tuyos. Y espera a que la victoria llame a tu puerta para decirte que es la hora de salir a celebrarlo. Si cumples así será. Si sales antes tal vez no vivas para contarlo. Ni tu, ni tu seres queridos, ni tus vecinos ni cada una de las personas que por tu salida se hayan visto afectadas.

Así que asúmelo. Esto es la guerra. El enemigo quiere victimas. No se lo pongas fácil y quédate en casa.

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¡Qué se entere todo el mundo!

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